Centrados En Cristo
Col. 1:15-20Jesucristo es el centro de nuestro modelo de vida y ministerio; Es la cabeza de la iglesia y único camino para llegar al Padre; Él es el fundamento de la iglesia, y autor y consumador de nuestra fe.
Somos una iglesia local centrada en Cristo y fundamentada la palabra de Dios.
Dios ha establecido tres propósitos para la iglesia y cada uno de ellos son de vital importancia para el cumplimiento de la gran comisión dicha por nuestro Señor Jesucristo. (Mt.28:18-20).
Exaltar a Dios
Una de las principales formas de como iglesia exaltamos a Dios es por medio de la adoración y la alabanza.
Cuando la iglesia se reúne, la adoración debería ser la prioridad suprema (cf. Jn. 4:23-24).
La adoración a Dios, es el reconocimiento de que Dios es digno de ser adorado. Es la respuesta humana a la
naturaleza divina. (Col.3:16, Sal. 27:8).
Edificar a los
creyentes
La iglesia tiene una obligación de nutrir a los que ya son creyentes y edificarlos a la madurez en la fe.
Pablo dijo que su propia meta no era simplemente llevar a las personas a la fe inicial que salva sino
«presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre» (Col 1:28, RVR).
Evangelizar a los
perdidos
Jesús les dijo a sus discípulos: «hagan discípulos de todas las naciones». Esta obra evangelizadora de
declarar el evangelio es el ministerio primario de la iglesia hacia el mundo (Mt.28:18-20).
Te invitamos cordialmente a acompañarnos en nuestras reuniones semanales de culto y estudio.
Clases para niños, jóvenes y adultos.
Lectura de las Escrituras, cantos de himnos, oración y predicación expositiva de la Palabra.
Nos reunimos para interceder por las necesidades del cuerpo, la obra misionera y la iglesia.
Clases para niños que los ayudarán a crecer en la fe y en el conocimiento de la Palabra.
Clases de estudio bíblico dirigidas a caballeros para profundizar en la Palabra de Dios.
Encuentros para jóvenes donde se estudia la Palabra de Dios y se fomenta la comunión entre ellos.
Jesucristo es el centro de nuestro modelo de vida y ministerio; Es la cabeza de la iglesia y único camino para llegar al Padre; Él es el fundamento de la iglesia, y autor y consumador de nuestra fe.
Las Sagradas Escrituras son la fuente única de enseñanza infalible para la vida espiritual y el ejercicio del ministerio de la iglesia; En ella fundamentamos nuestra creencia en Jesucristo por quien tenemos vida eterna, y por ella nuestra esperanza se conserva en Dios.
Acordamos este valor basados en el solemne mandato que nos hace nuestro Dios a ser santos porque Él es santo, mandato que también fue declarado por el mismo Señor a través del apóstol Pedro cuando dice que sin Santidad nadie verá al Señor y que todos los que servimos a Dios debemos andar en santa y piadosa manera de vivir.
Entendemos que el ser humano sin Cristo está corrompido y sólo a través de El puede ser libertado del pecado para vivir una vida íntegra y abundante. Procuramos reflejar el carácter de Cristo en todas las dimensiones de nuestras vidas. La Palabra de Dios nos enseña que la integridad nos mantiene resguardados de las consecuencias negativas de no ser íntegros.
Las escrituras nos mandan a amar incondicionalmente al prójimo, a servir a los demás en amor, cuidando siempre su dignidad como criatura especial de Dios. Somos sal de la Tierra y luz del mundo y procuramos que nuestras buenas obras animen a las personas a acercarse a Cristo y a dar gloria a Dios.
Somos una sola familia y un cuerpo en Cristo, por lo que cada uno procurará el bienestar de su prójimo, haciendo con los demás lo que quisiéramos que hagan con nosotros. Tenemos el mandato de amarnos unos a otros con amor fraternal y ser sensibles a las necesidades de los demás con humildad y sencillez.
En Mateo 7:7, el Señor nos habla de orar con perseverancia. Pedir implica humildad y conciencia de necesidad. Pedir presupone la fe en un Dios personal con el cual podemos comunicarnos. Cuando uno pide, espera una respuesta. El tener esa fe hace que la oración sea cálida y personal.
Nuestro Señor y Dios es perfecto, y lo que ha hecho, hace y hará también lo es; consideramos que no merece menos que la excelencia en todas las cosas que hagamos en su nombre y para su gloria. Procuramos dar cumplimiento a su mandato de hacer todas las cosas de corazón como para el Señor y no para los hombres.